Queremos que tengas el mejor lápiz de mundo:

UN BLACKWING

Los lápices Blackwing no se parecen a ningún otro lápiz que hayas probado.

En 1934, Eberhard Faber emigró a los Estados Unidos desde su Alemania natal con el propósito de exportar al nuevo continente el negocio familiar de fabricación de lápices. Pero, además, el joven Eberhard estaba decidido a crear el mejor lápiz del mundo, innovando con el tipo de mina y el diseño con el que trabajó escrupulosamente.

Finalmente creó el Blackwing, que era un lápiz único por varios motivos:

Fabricado con madera de cedro de California, incorporaba una goma de borrar y casquillo (la pieza metálica que une el extremo del lápiz con la goma) rectangulares y no redondas. Esta característica hacía que el lápiz no rodara cuando se ponía sobre una superficie plana (debes tener en cuenta que las mesas de dibujo de la época eran inclinadas) y, además, dentro del casquillo había una pinza que permitía elevar la goma a medida que ésta se gastaba y reemplazarla por una nueva cuando se acababa.

Su mina estaba fabricada con grafito de Japón y resultaba suave y particularmente blanda, por eso el eslogan del lanzamiento de este lápiz fue “Half pressure, Twice the Speed” (la mitad de presión, el doble de velocidad). Fue un éxito y lo convirtieron no sólo en el favorito de escritores sino también de ilustradores y músicos.

El premio Nobel de Literatura John Steinbeck dijo de él “He encontrado un nuevo tipo de lápiz -el mejor que haya tenido… Se llaman Blackwing y vuelan sobre el papel…”

Por eso desde AIA queremos que tengas uno. Porque nos sentimos identificados con este pequeño y modesto objeto de madera que, como en AIA, ha dibujado miles de trazos buscando la excelencia por encima de todo.